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El sacrificio por una vida, por Iñigo Lapetra

La luz. Echo de menos tu luz, y esa sonrisa sincera que iluminaba toda una habitación. Y otra vez hablando de la luz. Eras solo para mi y estabas deseando verme cada minuto del día, para estar conmigo, para compartir conversaciones y silencios. Yo, tu, mi, me, ti, te, tus, conmigo, contigo…

Vernos era una aventura y el corazón se aceleraba. Aparecías por la puerta con tu ropa de ejecutiva, tus ojos azules y tu melena rubia. Entonces tu mirada era la mejor bienvenida que uno podía imaginar. Porque yo era el rey de la casa y tu la reina del universo.

Y entonces llegaron ellos para llenar nuestros corazones y, a la vez, arrebatarnos todo ese mundo. Tu felicidad se convirtió en preocupación, la luz de tu mirada se tornó en la sombra de unas ojeras, y tu sonrisa perenne se convirtió en la rareza del día, a veces de la semana.

Y no me quejo. Porque ya no concibo una vida sin ellos, ni el mundo sin vosotros. Las pocas veces que han estado enfermos mi corazón sufrió como nunca y sentí el deseo sincero de querer intercambiarme para ser yo quien pasara sus peores momentos.

Pero no puedo evitarlo. Todos los días echo de menos el lujo de tenerte para mi, conseguir un día entero sin discutir, sin desavenencias sobre lo bueno y lo malo para ellos, intercambiando esas miradas, abrazos, sonrisas… Disfrutando de esos silencios imposibles cuando hay tres fieras en casa con sus desayunos y meriendas, con sus deberes, con sus locuras, con sus peleas, con sus cabreos y la línea de trayectoria de un futuro todavía incierto en un mundo de locos que da vértigo.

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Un mal poema grabado en mi memoria

Hace muchos años, estando en momento muy difícil me senté en un rincón y escribí lo que intentaba ser un pequeño poema. No creo que sea nada extraordinario pero lo cierto es que es la única cosa que he escrito y, por alguna razón que desconozco, ha permanecido grabada en mi memoria hasta ahora.

Dolor confusión y pesar
sintiendo en mi corazón
dolor confusión y pesar
Y un poco de desamor.

A veces veo la vida
Que es toda felicidad
otras en cambio es la ira
la tristeza y el pesar.

Quisiera saber donde se halla
quien pudiese controlar
Ese desespero o euforia
Que nos toca soportar

Quisiera saber donde se haya
para decirle al oído
Fui hace días feliz hombre
pero hoy ni sobrevivo.

Decirle que ponga un precio!
que doy todo mi dinero!
quiero volver a ser necio
pues por sentimental, me muero.

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Que la a vida iba en serio

Hoy me ha llegado una carta de un viejo amigo y me he dado cuenta de que con Internet y con tanto movil y “Whats App” hacía veinte años que no me mandaban una, entendiendo como tal una carta de verdad. Por supuesto sin contar las del banco, ni las facturas.

Venía escrita a mano, con pluma y en un sobre color sepia. Lo cierto es que me ha sorprendido muchísimo encontrarla en el buzón. En un primer momento pensé que me invitaban a una boda y me he exprimido el cerebro pensando … ¿Pero quien se casa?.

Pero no es una invitación de boda. Es un carta de despedida de mi amigo Jaime después de estar luchando casi año y medio contra un puto cáncer. Lo que hoy he recibido es una demostración de valor y entereza, una oda a la amistad y al amor, un tratado de vida que termina con una frase ya célebre y que expresa algo de lo que no somos conscientes hasta que vemos la muerte de cerca. Que esta vida iba en serio.

Jaime hermano como te echo de menos. Ojalá el día que me toque a mi sea, por lo menos la mitad de valiente de lo que has sido tu. Guardare tu carta y la releeré para tenerte a mi lado siempre.

Un viaje en el tiempo

Hace unos días tuve una cena de trabajo “agendada” muy temprano y, por tanto, sin opción de pasar por casa. Acudí pronto a la cita así que aproveché para dar un paseo por Madrid y matar ese tiempo sobrante. Caminé por el barrio de Chamberí sin poder evitar empezar a darle vueltas a esos “temas pendientes” que uno siempre tiene rondando en la cabeza. Preocupaciones tan a menudo estúpidas cuando tenemos en cuenta los problemas de verdad que llegamos a encontrar en nuestro devenir por la vida.

El caso es que vagaba yo plenamente sumido en esos pensamientos tan poco apropiados para una tarde noche de martes en un precioso día de primavera. Y fue entonces cuando, esperando en un semáforo, emprendí un viaje involuntario. Una ráfaga fugaz de aire me envolvió en un perfume de mujer cuyo rostro ni siquiera vi. Un olor dulce que se metió en mi cerebro y me trasladó, en décimas de segundo, a una etapa lejana de mi vida donde era un alumno del Colegio del Pilar en plena ebullición hormonal.

Viajé a una época donde no había más preocupación que aprobar los exámenes y decidir dónde íbamos a salir el fin de semana. Eran días donde los adolescentes podíamos estar horas besando a tu novia sin hacer absolutamente nada más que eso, besarla. Supongo que a los jóvenes de ahora les entraría la risa floja al saberlo. Era un tiempo en el que el corazón se rompía y se recomponía rápido y en tantas ocasiones como nos brindara la vida, hasta que, de pronto, aparecía en el horizonte lo que uno creía reconocer como “la mujer de tu vida” y te tocaban el alma.

La chica que llevaba aquel perfume — creo recordar que Anais Anais de Cacharel, aunque no estoy seguro —  partió, muchos años atrás, mi corazón de “teeneger”. Aquello fue hace millones de años y está perfectamente olvidado en una memoria repleta de miles de momentos posteriores de todo tipo, románticos, divertidos, hilarantes, alegres y emotivos, neutros, tristes e, incluso, demoledores.

Es curioso como la magia de nuestro sentido del olfato puede trasladarte en un instante a lugares lejanos en tiempo y geografía. Aquel perfume entró en mi cerebro y no solo me llevo de viaje al pasado, también me devolvió un recuerdo bastante nítido del dolor que llegué a sentir entonces en mi corazón “rebelde y adolescente”. Como cuando rozas una cicatriz antigua con la pluma de un ave, una sensación que devuelve al cerebro el sentimiento del frio cristal que hace muchos años, rompió la piel e hizo la herida. Es un recuerdo breve, casi instantáneo, e incluso agradable porque también te recuerda que llevas ya unos cuantos años recorriendo ese camino que es tu propia vida.

Estoy ahora pensado que ni por aquel entonces, ni tampoco ahora, utilizo perfume de hombre. Me temo mucho que en mi caso, no hay olor en este mundo que pueda hacer viajar en el tiempo a aquella chica guapa, castaña, pizpireta y perfumada con Anais Anais, a los tiempos donde yo viaje aquella tarde noche de martes.

Así es la vida. Una cosa más que contar a los hijos, cuando crezcan.

Buenas noches.

Cita

Rostros perdidos

 

En su día me avisaron
esta vida va en serio
Horas que se van en días
años que se van en sueños

Y esta maldita memoria
de recuerdos y palabras
mantiene los sentimientos
y me arrebata las caras

Recuerdos que ahora se escurren
Rostros que no regresan
de gente que antaño amaba
me mata ya no tenerlas

Seguiré viajando en vida
sin olvidar el pasado
sin renunciar a los rostros
que el tiempo ya me ha robado

En su día me avisaron
Esta vida va en serio
Horas que se van en días
y años que se van en sueños