Vértigo, por Iñigo Lapetra

Es curioso cómo llega un momento en la vida en el que cumplir años comienza a darte vértigo. Me habían avisado de que, para algunos antes y para otros después, ese momento llega algún día y empiezas a ver tus cumpleaños con preocupación.

Hace pocos días cumplí 41 años y no he podido evitar desde entonces pensar  en lo rápido que pasa la vida, el lo deprisa que crecen mis hijos o en los momentos más emotivos que he ido viviendo, también en aquellos que se han ido para no volver nunca más porque la gente con quien los compartisteis ya no existen.

Mi hijo mayor cumplirá en pocas semanas 11 años, un tiempo que pasado como un suspiro ante mis narices. Sin embrago, cuando pienso en que el día que hayan vuelto a pasar otros 11 años tendré a mi lado un hombre de 22 no puedo evitar el vértigo. Me preocupa tremendamente haber conseguido que, para entonces, tanto él como sus hermanos sean buenas personas. No me preocupa que sean famosos ni millonarios, pero sí que sean buena gente.

También me da vértigo pensar que tengo que conseguir que mis tres hijos hayan sido lo suficientemente inteligentes para elegir un buen camino hacia la madurez de su vida y, sobre todo, que hayan tenido la valentía y la educación suficiente para evitar de raíz las drogas. Se que sueno excesivamente protector y/o paternalista pero en mi caso colaboro como voluntario desde hace años con la ONG Fundación Padre Garralda y he podido comprobar los efectos devastadores y autodestructivos de las drogas, y su capacidad para engatusar a cualquier tipo de persona independientemente de su edad, su educación, su nivel adquisitivo…

Nadie está a salvo de las drogas. He visto personas sencillas y humildes, nobles ilustres y notables empresarios, todos ellos compartiendo una situación idéntica: desesperados, hundidos, al ver como sus hijos caían una y otra vez en las redes de la cocaína, las drogas de diseño, la heroína e incluso todas ellas a la vez, cada vez hay más politoxicomanos…

Me temo que el vértigo que uno empieza sentir al cumplir años es directamente proporcional a cómo vamos descubriendo los detalles de nuestra existencia humana.

De todas formas hay que quedarse con lo bueno, los momentos dulces, las risas, las caricias, la ilusión… eso sí, sin dejar de ser conscientes de nuestra responsabilidad con aquellos que dependen de nosotros para esculpir su propia personalidad.

Siempre mas sobre Íñigo Lapetra en esta otra web

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