Cartas en peligro de extinción, por Iñigo Lapetra

Había cartas1olvidado completamente la experiencia que supone escribir una carta de puño y letra a una persona que quieres. Una experiencia sólo superada el día que recibes su contestación y el corazón te da un vuelco al encontrar ese sobre perdido al abrir el buzón. El ciclo de tiempo que te regala esa carta recibida es pura magia, una sucesión de minutos dulces compuestos por su apertura rompiendo el papel del sobre, el desdoblar de los folios entre tus dedos y, por supuesto, esa lectura acelerada, entre pálpitos, palabra a palabra, registrando en el cerebro cada mensaje. Cuanto sentimiento y cuanta magia, ahora perdida para siempre por culpa de la tecnología.

Dos de mis hijos están en un campamento de verano y allí están prohibidos los teléfonos. Solo cartas, tantas como quieras, o seas capaz de enviar. Hay quien se quejaba del “incordio” de tener que escribir, comprar sellos y enviar cartas. No se dan cuenta de que, probablemente, si no fuese por esa decisión impuesta, sus hijos no recibirían una carta de verdad en toda su vida. Es muy grande que vayan a tener el privilegio de vivir la experiencia de recibir sentimientos a través de ese sobre estampado. No es lo mismo que cuando te escribía tu novia una carta de amor, pero al menos llenará sus momentos de soledad y melancolía con sentimientos plasmados en palabras selladas con tinta.

La era digital nos ha regalado grandes ventajas, pero también no ha arrebatado muchos sentimientos y experiencias que eran únicos. Ya casi nadie dice “perdóname” mirándote a los ojos, sino a través de la pantalla de un móvil. La gente empieza sus relaciones a través de what’s app y también las termina. En mi época tenías que conseguir estar a solas con aquella chica que te gustaba y pedirle salir mirándole a los ojos, aguantando su mirada y arriesgándote a que te diese una negativa que golpearía tu corazón y tu alma como un mazazo. Eso sí, si te sonreía y decía que sí, la alegría era infinita y la vida pasaba a ser un parque de atracciones.

No hace tanto tiempo los teléfonos eran fijos y para quedar con tu novia tenías que llamar a su casa y preguntar por ella. Solía coger el teléfono su padre, su madre o su hermano mayor… y tocaba echarle valor y mantener el tipo porque en la mayoría de los casos no eras el tipo de novio que querían para su hija/hermana. Sin embargo escuchar su voz al otro lado de la línea compensaba con creces el mini trauma, y podías y tenías que decirle esos “te quiero” a viva voz, y no a través de un teclado con corrector predictivo que permite que ni siquiera tengas que escribir las dos palabra completas.

Las cartas de amor están más que nunca en peligro de extinción, ya nadie plasma su alma ni sus sentimientos en el papel, de forma extensa, regalándole párrafos y más párrafos a una misma idea, a un único sentimiento que sin embargo mueve y moverá siempre el mundo. Y es una grandísima pérdida, una verdadera tragedia que una costumbre que ha pervivido tantos siglos como la existencia de la propia escritura, ahora se pierda para siempre por culpa de esta generación digital.

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Decisiones de vida, por Iñigo Lapetra

Decisiones de vida

Iñigo Lapetra, decisiones de Vida

La vida es un camino que vamos recorriendo cada día, cada mes, cada año… Es una travesía demasiado corta en la que de vez en cuando, encuentras bifurcaciones y te ves obligado a elegir, a tomar decisiones, algunas pequeñas y otras grandes, tanto que afectaran de lleno al resto de tu existencia. Muchas veces nos queda muy claro si la opción elegida era la mejor, o la peor, si hemos acertado o nos hemos equivocado estrepitosamente, ante esta segunda opción lo mejor que puede pasarnos es ser capaces de aprender de nuestro error para no volver a cometerlo. A pesar de que a veces ni siquiera eso es posible porque el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, como aquella canción de Julio Iglesias.

Sin embargo, existen también decisiones donde donde la cosa nunca estará clara, me refiero a aquellas que te dejan para siempre esa espinita clavada de no saber nunca cual habría sido la mejor opción. Y esto pasa especialmente con el amor y el dinero, dos conceptos que mueven el mundo y han desatado muchas de las guerras más cruentas.

Cuando dices que no a un trabajo, o que sí. Cuando te compras un bien preciado. Cuando te divorcias y firmas un acuerdo. Cuando te lanzas a tener un hijo, o cuando lo encargas sin haber querido… hay cientos de bifurcaciones en la vida y la clave está en elegir la opción que te haga más feliz no sólo a ti, también, y de forma igual o más prioritaria, a la gente a la que quieres de verdad.

Pero sobre todo, y ante todo, la bifurcación más importante en tu vida llega cuando decides con quien compartir tu vida. Una decisión vital que demasiado a menudo se desatiende para evitar los males de la soledad. Veo a mi alrededor amigos cuyos matrimonios se han roto por la sencilla razón de que apenas se conocían cuando se lanzaron a la aventura, otros son tremendamente infelices mientras ven que los los días se escurren y la vida se escapa de forma vertiginosa.

Este texto ha sido escrito por Iñigo Lapetra y aquí puedes seguir leyendo sus experiencias.