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Los años borrados

Un año más que se acumuló en tu vida y te aseguro que sobre tu rostro no pesa. Porque la luz de tu mirada lo borra, porque la energía que siempre arrastras lo fulmina. Porque tu fuerza para salir adelante, para seguir corriendo esta carrera de fondo que es la vida, te mantiene en esa juventud que en su día me regalaste, el mas preciado tesoro que podría imaginar. Un tesoro de vida, la tuya, forjada de risas y aventuras, en el salón de una casa que ahora imagino repleta de juguetes, esparcidos caóticamente sobre la alfombra.

No hay regalo que supere lo que tu representas. Porque las pocas personas – muy pocas – que tenéis reservado por siempre, un trozo de mi alma, bastáis para que esta vida, con sus risas, alegrías, tristezas, decepciones y llantos, merezca la pena vivirse. Cada día, cada minuto, cada segundo… siempre contigo.

 

 

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9 (nueve)

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Llegaste a mi vida hace nueve años.

Antes de conocerte había vivido 32 años sin ti como si nada, sin embargo desde entonces no concibo la vida sin tu ruido, tus enfados, tu desorden, y por supuesto, tus abrazos espontáneos, tus preguntas, tus ansias de aprender y tu energía inacabable.

Muchas gracias por enseñarme tanto, cada día, por estar ahí siempre aunque no siempre lo aproveche, y perdóname cuando la estupidez me lleva a preocuparme de cosas nimias y olvidarme de lo mucho que os quiero a todos.

Cartas en peligro de extinción, por Iñigo Lapetra

Había cartas1olvidado completamente la experiencia que supone escribir una carta de puño y letra a una persona que quieres. Una experiencia sólo superada el día que recibes su contestación y el corazón te da un vuelco al encontrar ese sobre perdido al abrir el buzón. El ciclo de tiempo que te regala esa carta recibida es pura magia, una sucesión de minutos dulces compuestos por su apertura rompiendo el papel del sobre, el desdoblar de los folios entre tus dedos y, por supuesto, esa lectura acelerada, entre pálpitos, palabra a palabra, registrando en el cerebro cada mensaje. Cuanto sentimiento y cuanta magia, ahora perdida para siempre por culpa de la tecnología.

Dos de mis hijos están en un campamento de verano y allí están prohibidos los teléfonos. Solo cartas, tantas como quieras, o seas capaz de enviar. Hay quien se quejaba del “incordio” de tener que escribir, comprar sellos y enviar cartas. No se dan cuenta de que, probablemente, si no fuese por esa decisión impuesta, sus hijos no recibirían una carta de verdad en toda su vida. Es muy grande que vayan a tener el privilegio de vivir la experiencia de recibir sentimientos a través de ese sobre estampado. No es lo mismo que cuando te escribía tu novia una carta de amor, pero al menos llenará sus momentos de soledad y melancolía con sentimientos plasmados en palabras selladas con tinta.

La era digital nos ha regalado grandes ventajas, pero también no ha arrebatado muchos sentimientos y experiencias que eran únicos. Ya casi nadie dice “perdóname” mirándote a los ojos, sino a través de la pantalla de un móvil. La gente empieza sus relaciones a través de what’s app y también las termina. En mi época tenías que conseguir estar a solas con aquella chica que te gustaba y pedirle salir mirándole a los ojos, aguantando su mirada y arriesgándote a que te diese una negativa que golpearía tu corazón y tu alma como un mazazo. Eso sí, si te sonreía y decía que sí, la alegría era infinita y la vida pasaba a ser un parque de atracciones.

No hace tanto tiempo los teléfonos eran fijos y para quedar con tu novia tenías que llamar a su casa y preguntar por ella. Solía coger el teléfono su padre, su madre o su hermano mayor… y tocaba echarle valor y mantener el tipo porque en la mayoría de los casos no eras el tipo de novio que querían para su hija/hermana. Sin embargo escuchar su voz al otro lado de la línea compensaba con creces el mini trauma, y podías y tenías que decirle esos “te quiero” a viva voz, y no a través de un teclado con corrector predictivo que permite que ni siquiera tengas que escribir las dos palabra completas.

Las cartas de amor están más que nunca en peligro de extinción, ya nadie plasma su alma ni sus sentimientos en el papel, de forma extensa, regalándole párrafos y más párrafos a una misma idea, a un único sentimiento que sin embargo mueve y moverá siempre el mundo. Y es una grandísima pérdida, una verdadera tragedia que una costumbre que ha pervivido tantos siglos como la existencia de la propia escritura, ahora se pierda para siempre por culpa de esta generación digital.

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