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En busca del tiempo perdido

Todos los años me pasa lo mismo, el verano en Galicia machaca mis avances deportivos obtenidos a lo largo de todo el año. Nunca dejo de correr del todo allí donde voy a pesar las vacaciones, pero la intensidad no es la misma y eso se nota demasiado.

Hace pocos meses, concretamente en mayo, batía mi marca histórica en medio maratón. Ocurría en Edimburgo. Allí se puede decir que saboree la gloria rodeado de grandes amigos, al atravesar la línea de meta con un tiempo de dos horas clavadas. Dos horas de sufrimiento continuo pero también maravillosas porque las pasé corriendo a lo largo de 21 kms de costa escocesa que recordaré siempre.

Hoy he corrido la I Carrera Naval, una carrera que es el inicio de una semana dedicada al ejército de mar, y el sufrimiento ha sido importante. El tiempo final ha sido lamentable, casi 57 minutos (56:55) y las sensaciones muy malas. He acabado parando para andar a ratitos y la sensación, horas después de acabar, es pésima. Me encuentro de pena.

Tengo por delante mucho trabajo, empezando por bajar un mínimo de cinco kilos de peso y siguiendo por dedicar suficiente tiempo a entrenar y acumular los kilómetros necesarios en las piernas. Vamos a por ello.

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Los años borrados

Un año más que se acumuló en tu vida y te aseguro que sobre tu rostro no pesa. Porque la luz de tu mirada lo borra, porque la energía que siempre arrastras lo fulmina. Porque tu fuerza para salir adelante, para seguir corriendo esta carrera de fondo que es la vida, te mantiene en esa juventud que en su día me regalaste, el mas preciado tesoro que podría imaginar. Un tesoro de vida, la tuya, forjada de risas y aventuras, en el salón de una casa que ahora imagino repleta de juguetes, esparcidos caóticamente sobre la alfombra.

No hay regalo que supere lo que tu representas. Porque las pocas personas – muy pocas – que tenéis reservado por siempre, un trozo de mi alma, bastáis para que esta vida, con sus risas, alegrías, tristezas, decepciones y llantos, merezca la pena vivirse. Cada día, cada minuto, cada segundo… siempre contigo.

 

 

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9 (nueve)

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Llegaste a mi vida hace nueve años.

Antes de conocerte había vivido 32 años sin ti como si nada, sin embargo desde entonces no concibo la vida sin tu ruido, tus enfados, tu desorden, y por supuesto, tus abrazos espontáneos, tus preguntas, tus ansias de aprender y tu energía inacabable.

Muchas gracias por enseñarme tanto, cada día, por estar ahí siempre aunque no siempre lo aproveche, y perdóname cuando la estupidez me lleva a preocuparme de cosas nimias y olvidarme de lo mucho que os quiero a todos.